Pandemia… ¡Cuando todo empezó!

“Me desperté con la garganta un poco seca. La luz del sol se asomaba por la ventana y mi esposo ya se había ido a trabajar. Mi rutina de cada mañana me hizo encender el televisor para después dirigirme hacia el baño y enjuagarme la boca. Pasaban de las 10 y mis hijos ya se habían ido a clases. Yo trabajo de noche, por ello es que me levanto un poco tarde, pero ese día me despertó una extraña sensación. Las noticias continuaban hablando de lo mismo; el virus ese que surgió en China y que ya había llegado a los Estados Unidos. ¡Honestamente yo soy muy escéptica! Escucho, veo, leo, pero de tanta información que existe rondando por todas partes, ya no sabes si creer o no en los medios, pero ahí estaba yo, particularmente enganchada hacia aquella voz de la joven chica que anunciaba a través de la pantalla inteligente que el presidente de la Organización Mundial de la Salud había declarado pandemia y emergencia global por el coronavirus. Honestamente no sabía qué pensar, había visto horrorizada algunos videos que circulan en la red sobre el cómo inicio el virus, los animales salvajes que comen en aquella parte del continente asiático, el antes y el después del brote. El cómo la gente, ciudadanos comunes y hasta enfermeras hablaban sobre lo que el gobierno estaba ocultando y cómo iban desapareciendo poco a poco o los iban silenciando. ¿Será a caso cierto? No lo sé, solo la gente de allá sabe realmente la verdad, pero lo que sí supe ese día es que algo mucho peor estaba por pasar. De repente comenzaron a cancelar clases, mi esposo llegó temprano ese día junto con mis hijos, le habían notificado que las clases se cancelarían hasta nuevo aviso y que era de suma importancia que esto se tomara con seriedad y no como un tiempo de vacaciones. Estaba intranquila, me sentía hasta irritada con esa situación porque sentía que todo estaba exagerándose. Esa noche mis en mi trabajo, los compañeros hablaban de lo mismo, algunos incrédulos, otros ignorantes del tema y muchos más solo se limitaban a escuchar las conversaciones, pero no tardó mucho en que mi corazonada se hiciera realidad… Dos días después el presidente Donald Trump estaba dando una conferencia de prensa en la que decretaba estado de emergencia en todo el país. ¡No lo podía creer! Sí, ya sabía que la epidemia había pasado a ser una pandemia, pero el ambiente aquí en Omaha era tranquilo, la gente hacia sus labores con normalidad y nadie actuaba fuera de lo común, bueno, dentro de lo que cabe. Pero con ese anuncio la gente se volvió loca, los supermercados se llenaron y algunas personas desesperadas compraban cosas de más. No sé si yo no estaba captando la situación como debería o ellos estaban sobre actuando. Pocas provisiones pudimos comprar, mi esposo al igual que yo estaba sorprendido. Entre ellas poca agua, comida enlatada, pastas, frutas y verduras y poca comida congelada. Hemos seguido buscando en algunas tiendas pequeñas y poca suerte hemos tenido. Yo sigo sintiendo el temor en el aire de la gente, pero dentro de mí estoy tranquila, aunque con la preocupación de lo que pueda pasar en las próximas semanas o meses. En el trabajo de mi esposo le pidieron trabajar desde el hogar, pero en cuanto a mí aún no sé qué vaya a pasar, yo trabajo en limpieza para empresas privadas y es un hecho que estoy más expuesta que otros, y solo hay dos cosas que me preocupan demasiado. 1. El exponerme y exponer con ello a mi familia, y 2. El que esta situación me deje sin el sustento económico que apenas nos ayuda a solventar los gastos mensuales. Solo ruego, pido y rezo cada día porque esto se acabe y dejen de infectarse miles de personas al día y morir decenas más por un virus que al parecer se subestimó y se le tomó a la ligera en países como Italia y España… Y, ojalá eso mismo no le suceda a México, en donde lamentablemente el presidente está actuando sin la menor cautela, y en donde cientos de miles de migrantes mexicanos tenemos a nuestras familias.

Historia: Yuridia J. Zamora

Por Oswell Reza

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