Redada federal de inmigración impacta planta en Omaha
Nota Tomada del Nebraska Examiner / Adaptación Mundo Latino
POR: CINDY GONZALEZ Y AARON SANDERFORD
Nota en Inglés, de un click aquí
Redada en Glenn Valley Foods sacude a comunidad latina en Omaha
OMAHA — Hasta 100 trabajadores fueron detenidos este martes en una redada federal en Glenn Valley Foods, en lo que funcionarios describen como el mayor operativo migratorio en Nebraska desde el inicio de la presidencia de Donald Trump.
Testigos aseguran haber visto a personas escoltadas fuera de la planta, subidas a camionetas de 15 pasajeros y a un autobús con ventanas cubiertas, mientras la comunidad comenzaba a rodear el área en busca de respuestas. Familias llegaron con documentos en mano. Un intento de acercarse a las autoridades terminó en tensión: gritos, frustración y al menos dos personas intentando bloquear un vehículo oficial antes de ser retiradas.
Según el dueño de la planta, Gary Rohwer, agentes de ICE informaron que 97 empleados habrían usado documentación falsa. Rohwer insistió que su empresa utilizó E-Verify. “Son trabajadores honestos, parte de nuestra familia”, declaró.
Dentro de la planta, los trabajadores relataron que fueron divididos entre quienes podían comprobar su estatus migratorio y quienes no.
El impacto fue inmediato. Negocios cerraron temporalmente. Líderes latinos se movilizaron y vecinos recorrían el sur de Omaha asegurándose del bienestar de sus seres queridos. En redes sociales circulaban reportes de otras redadas —JBS, LALA— pero ambas empresas negaron visitas de ICE.
“Mi comunidad está siendo aterrorizada”, exclamó Roger García, presidente de la Junta del Condado de Douglas, al salir de una reunión para atender la emergencia. Más tarde, de pie en la Calle 24, lo dijo sin rodeos: “Estas personas estaban trabajando, manteniendo a sus familias. Esto no ayuda a nadie.”
Funcionarios de ICE aseguraron que el operativo en Glenn Valley responde a una investigación criminal sobre contrataciones ilegales y robo de identidad. Rechazaron que hubiera redadas en otras plantas.
El operativo también provocó protestas. Cientos se reunieron en la Calle L con pancartas que decían: “Las manos indocumentadas te alimentan” y “Sin miedo, sin odio, sin ICE en nuestro estado.” En Lincoln, también marcharon.

Una joven llamada Jaqueline Chino, con un cartel que decía “Las familias deben estar juntas”, se subió a la base de un poste. “Mi papá fue deportado cuando tenía cinco años”, dijo. “Sé lo que duele crecer sin él.”
Mientras tanto, líderes comunitarios activaron centros de ayuda legal. Una organización juvenil reportó que al menos dos menores quedaron bajo su resguardo tras el arresto de sus padres.
El alcalde John Ewing Jr., recién asumido en su cargo, expresó preocupación: “Estas acciones causan temor. No queremos que la gente deje de reportar crímenes. La policía está aquí para servir, no para preguntar sobre estatus migratorio.”
La comunidad latina en Omaha, nuevamente, responde con unidad y resistencia. Pero la herida está abierta, y las preguntas —más allá de la legalidad del operativo— apuntan al costo humano, al miedo instalado, y a lo que viene después.

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