La Cuaresma

Por Padre Gregorio Congote

En las lecturas del primer domingo de cuaresma encontramos dos episodios de tentación, uno con desenlace triste y otro con desenlace alegre; el episodio con desenlace triste es el de Adán y Eva en el Paraíso; el episodio con desenlace alegre es el de Cristo en el desierto. Ya esto es una enseñanza, en el Paraíso se cae en la tentación, en el desierto se llega a la victoria. Cuando la vida se nos vuelve paraíso, es muy fácil caer en la tentación; cuando la vida se nos vuelve desierto, a veces estamos más fortalecidos para agarrarnos, para aferrarnos a Dios y eso nos da la victoria. Aunque se trata de un episodio triste y de otro episodio victorioso, de ambos podemos aprender nosotros. Tenemos que aprender tanto de nuestros fracasos como de nuestros éxitos. El fracaso de nuestros primeros padres en el Paraíso consiste en que Dios les había prohibido comer del árbol de la ciencia o del conocimiento del bien y del mal. Esta prohibición en nuestra sociedad moderna y adulta, suena casi ridícula. Resulta que este no es cualquier árbol, no es la mata verde ni la mata roja, la mata de los frutos azules, anaranjados o cafecitos, es el árbol del conocimiento. Comer del árbol de la ciencia del bien y del mal significa considerarse lleno de conocimiento, apropiarse del conocimiento del bien y del mal. ¿Qué quiere decir tener conocimiento? Ese árbol de la ciencia del bien y del mal lo que está indicando, es esa actitud de decirle al universo entero: “Déjenme, yo veré lo que hago con mi vida; yo conozco, yo me conozco, yo sé lo que tengo que hacer”. Lo grave de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal es que la persona cree que  tiene conocimiento, es decir, se desprende, se suelta de Dios, calla a Dios, eso es lo que nosotros hemos hecho. La verdadera tentación de Cristo no tiene que ver con placeres o dinero, la verdadera tentación de Cristo, lo que quiere el demonio es: “Despréndete de la voz de Papá Dios; no sigas tu camino de Mesías, no hagas lo que tengas que hacer”. El demonio intentó separar a Jesucristo de su misión. Y ya vemos cómo se defendió Cristo con oración y con la Palabra de Dios, las mismas armas que nos darán la victoria a nosotros, porque también nosotros tenemos nuestra misión en esta tierra.

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