La Transfiguración
Por Gregorio Congote
El milagro de la transfiguración es un milagro muy raro, es un milagro único porque en este milagro Jesús no obra sobre el cuerpo de otras personas como suele hacerlo, sino que es su propio Cuerpo el que cambia, y de qué manera cambió, se volvió lleno de luz, tanto que no parecía que fuera de esta tierra. Fue una visión celestial maravillosa que tuvieron Pedro, Santiago y Juan, es un milagro extraño. Jesús también obró sobre la naturaleza, alguna vez multiplicó los panes, o varias veces; Jesús calmó la furia de la tempestad; cuando Jesús se murió, la tierra se oscureció. Jesús tiene poder sobre la naturaleza, pero este milagro de la transfiguración es distinto, porque esta vez es su propio Cuerpo el que se llena de luz. ¿Qué quiere decir esta transfiguración? ¿Qué podemos aprender nosotros de ella? Hay antecedentes. Cuando Moisés se subía al monte Horeb, se subía a orar a ese monte y duraba días y días orando. Una vez bajó del monte y su rostro iluminaba, y después el pueblo de Israel, cuando iba por el desierto, llevaba una tienda de campaña, una tienda grande, un Tabernáculo del Encuentro, que era el lugar donde estaba el Arca de la Alianza, y cuando Moisés entraba a orar a ese Tabernáculo y luego salía, el rostro de él echaba luz. Así como cuando una persona se pone al sol se broncea, su piel cambia de aspecto, así el que se pone ante el sol de Dios cambia, la luz de Dios lo cambia, lo hace luminoso. Jesucristo, en esa montaña donde están los apóstoles, ¿qué estaba haciendo? Estaba orando, la oración nos cambia, la oración hace que tengamos luz. Es una primera enseñanza que podemos sacar de este pasaje, y de ahí podemos entender también una primera aplicación al tiempo de Cuaresma en el que nos encontramos. La Cuaresma es un tiempo para orar más, para hacer más oración. Los tres grandes ejercicios para la Cuaresma son: la oración, el ayuno y la limosna. La oración que nos educa en nuestra relación con Dios, el ayuno que nos educa en el dominio de nosotros mismos, y la limosna que nos educa en el trato generoso y caritativo con las demás personas. De manera que la oración nos hace luminosos, la oración nos llena de luz y este tiempo de Cuaresma nos llama a orar más. Jesucristo aparece rodeado de luz, Jesucristo aparece acompañado de la voz del Padre Celestial, para que nosotros, impregnados de esa luz y convencidos por esa voz, sepamos que si vamos detrás de Cristo, habrá dolor, porque toda vida humana tiene dolor, pero ese dolor tendrá un desenlace de gloria, porque está protegido, porque está custodiado por el amor, por la palabra y por la verdad de Dios nuestro Padre. Este milagro tan extraño, este milagro de la transfiguración de Cristo, no fue para que Cristo se luciera, no fue para que nosotros nos diéramos cuenta de qué bonito quedó Cristo; este milagro es para que nosotros sepamos que todo el que vaya detrás de Cristo, pasará por la muerte, por el sufrimiento, por el dolor, como todos los seres humanos, pero después, más allá, desde el corazón, desde la entraña de ese dolor, encontraremos la luz de la gloria. El que no tenga temple, resistencia, será como la casa edificada sobre la arena, al piso va a dar. Necesitarás, para vivir en esta tierra, temple, resistencia, consistencia, firmeza.
