El Buen Pastor

Padre Jairo Gregorio Congote

Jesucristo, vencedor de la muerte y resucitado por el amor de Dios, es el amigo que muere por nosotros para que la chispa de vida que hay en nosotros siga viva aún después de la muerte. Los hombres hacen operaciones, trasplantes e incluso cosas excepcionales parecidas a los milagros, pero el único milagro el de la resurrección y de la vida para siempre es obra de Dios, de su amor. Pascua es tiempo de aleluyas y de alegría porque es tiempo de vida nueva y resucitada. Jesús es el buen Pastor, el buen Pastor da la vida por sus ovejas. El asalariado huye ante el lobo y abandona a las ovejas que no son suyas. Si yo soy dueño de una casa cuido, defiendo y mantengo limpia mi casa. Si yo tengo un negocio le dedico tiempo porque es mi vida y la de mi familia. Si yo tengo un hijo es mi preocupación 24 horas al día. Pero no es lo mismo muchas veces con la nana, el empleado, y la ama de llaves o criada, pues ellos hacen sus horas, cobran el sueldo y si la casa está sucia, si el negocio se hunde o el niño se muere, allá el dueño, allá el negocio, allá el niño.
Jesús es el buen Pastor 24 horas, 365 días. Y nosotros somos sus ovejas. Y lo somos siempre. Cuando somos buenos y cuando somos unos haraganes. Siempre lo somos. El buen Pastor dio la vida y la da cada día por nosotros. El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Dios le encomendó una misión y prefirió morir a dejar de amar, amarnos, amarte, a ti oveja negra de su rebaño. Somos suyos, somos hechos a imagen de Dios, y Jesús no quiere que nadie se pierda. Por eso nunca dejará de amarte. No dudes nunca, nunca, de su amor. No te preguntes, quién soy yo para que Jesús me ame. Yo, un don nadie. Sí, a ti, oveja de su rebaño, a ti te ama y dio su vida por ti. Y la dio libremente. Con su muerte Jesús establece la diferencia entre el buen pastor y los pastores asalariados. El buen Pastor ama y da su vida. Mis ovejas conocen mi voz. La voz del amor, de la sangre derramada, la voz del Espíritu. Pastor y rebaño llamados a vivir una nueva intimidad, llamados a amar pero ahora con poder, con un poder que sana y resucita. Cuando reconoces que eres del Señor, tienes libertad para ser pastor de los hermanos. “Tengo ovejas que son de otro corral”. Sólo hay un Buen Pastor, Jesucristo. Nosotros, los curas,  pastores de la comunidad, ustedes, los padres de familia, pastores de sus hijos, estamos llenos de defectos, faltos de visión y de la entrega generosa en el servicio. Por eso la Palabra de Dios nos invita a mirar, escuchar e imitar al Buen Pastor.
En este mundo lleno de ruidos y de voces, de opiniones e interpretaciones de lo divino y de lo humano, ¿cómo distinguir la voz del Buen Pastor de la voz de los pastores? Cuentan que un pastor fue arrestado por haber robado una oveja. Él juraba que era inocente, que la oveja era suya y que hacía días que la había echado en falta. Cuando el caso fue llevado ante juez, éste decidió que trajeran la oveja a la sala y mandó al acusador que saliera de la sala y llamara a su oveja. La oveja no respondió a su voz, sólo levantaba la cabeza asustada. El juez mandó luego salir al acusado y cuando éste comenzó a hacer su llamada habitual la oveja saltó y corrió hacia la puerta. Estaba claro que la oveja conocía la voz de su dueño. Su oveja, dijo el juez, lo conoce. Con sabiduría salomónica declaró el caso cerrado. ¿Conocemos la voz de nuestro Pastor? ¿La distinguimos de las múltiples voces que solicitan nuestra atención? Jesús es el Buen Pastor y es también la puerta del redil, puerta para entrar y salir porque Jesús no nos ata, nos deja y nos quiere libres. Como sacerdote y al mismo tiempo en calidad de pastor de ustedes, quiero que sepan que están en mis pensamientos y oraciones especialmente en este tiempo de pandemia. Dios siempre los cuide, los proteja y los bendiga.

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