Columna del Padre Jairo Gregorio Congote: Preferir a Cristo

Padre Jairo Gregorio Congote

El evangelio responde a la pregunta fundamental: ¿Qué es necesario para ser discípulo de Jesús? En el mundo de hoy existen muchos requisitos para poder pertenecer a una asociación o club especial: cualidades, referencias, dinero, recomendaciones, etc. Jesús solamente exige cruces y sacrificios y no promete bienes ni cosas materiales. Las bendiciones materiales no son el premio de seguir a Jesús, como algunos cristianos lo predican. Jesús responde a la pregunta fundamental con dos parábolas ilustrativas y con tres condiciones que concluyen con la misma frase “no puede ser mi discípulo”: el que no prefiere a Jesús sobre todo lo demás, el que no cargue con su cruz para seguirle y el que no renuncie a los bienes materiales.

      San Benito le dice a sus monjes como crecer en la vida espiritual, pone como un dato fundamental el “no anteponer nada al amor de cristo”, porque Jesús tiene que ser el centro de la vida y de los pensamientos del monje. El cristiano es el que prefiere a Cristo sobre todo lo demás y para preferir a Cristo se requiere una disponibilidad total, y vaciarse de sí mismo para llenarse de Dios.

      El amor a Cristo hace posible todo sacrificio y renuncia, porque Dios no pide lo imposible: Dios Padre nos dejó el ejemplo entregado a su Hijo para la salvación del mundo; Abraham, con su espíritu de renuncia total, estaba dispuesto a sacrificar a su hijo y a jugarse su futuro. Jesús también nos dejó ejemplos en su vida con su renuncia a su familia, cargando ya una cruz cada día de su ministerio, renunciando a los bienes materiales, escogiendo nacer y vivir con los pobres y conviviendo pacientemente cada día con unos discípulos a los que se les dificultaba comprender sus enseñanzas.

      Jesús pide a los suyos la renuncia a ciertas cosas y deseos para que podamos llenarnos de él, ya que cuando Dios nos pide algo no lo hace porque quiera o necesite algo nuestro, sino porque quiere darnos algo suyo y llenarnos plenamente con su amor. De todas formas, el ser discípulo de Jesús, como lo indican las parábolas del evangelio, exige cálculo, preparación y planificación. Es necesario hacer una opción por Jesús. Esto era importantísimo para los primeros cristianos lectores del evangelio, cuando ya habían comenzado las primeras persecuciones del Imperio Romano contra los cristianos; al convertirse, debían contar con la posibilidad de discriminación, persecución y hasta el martirio; necesitaban calcular bien sus propias fuerzas y sobre todo examinar y calcular el amor y compromiso que tenían, ya que este es el último recurso que con la gracia de Dios vence todos los obstáculos. La gran exigencia y lo más difícil en la vida de fe es renunciar a la búsqueda de las riquezas, porque lo más importante es nuestra relación con Dios y no los éxitos que podamos obtener en este mundo. Hay tantas cosas en la vida que no están en nuestras manos. No podemos poner nuestro corazón en nuestros propios recursos ni en las cosas que nos rodean. La verdadera sabiduría consiste en llenarse del Espíritu de Dios y en transformarse si mismo a imagen de Dios, poniéndose en las manos de su Providencia.

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